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Estación Central - Rainer Pimstein

25/10/2020




Estación Central 

Por Rainer Pimstein *

A raíz de la construcción de la línea férrea hacia el sur de Chile, se inicio un flujo de mercancías y hombres, hacia la capital. 

En el país se asentaba una aristocracia conservadora y progresista, muchos de sus representantes fueron reconocidos después como los propietarios de importantes viñas nacionales, entre ellos estaban los apellidos Urmeneta, Ochagavia, Errazuriz, Tocornal, Concha, otros importantes eran Montt, Balmaceda, Baquedano, Sotomayor, Gallo, García Huidobro, Aldunate, Ovalle, entre hombres públicos, militares y terratenientes.

Manuel Montt Torres, fue un integro presidente conservador, se preocupo de mejorar la educación, trajo inmigrantes alemanes para desarrollar la zona de Osorno, Llanquihue y Puerto Montt. En su época se comenzó a desarrollar la producción vitivinícola. Continúo la comunicación y fomento de la vialidad por vía caminera, ferrocarrilera y naviera, destaco por su honradez y seriedad, fundó la caja de ahorros.

Se empezaba a utilizar el traje sastre como una alternativa a las elegantes y costosas modas europeas. Se establecieron líneas navieras a Europa, Argentina y Perú.

En una ocasión, durante su administración, pasadas las 9:30 de la mañana, una comitiva del gobierno se dirigía en 10 victorias hacia la Estación Central, en ella iba el presidente de la República, con sus ministros, colaboradores más inmediatos, la primera dama, amigas acompañantes y algunos servidores públicos.

El presidente y sus ministros iban de frac, con sus habituales chalecos, con sombrero de medio Tongo y humita. Las mujeres iban con vestidos ajustados de seda, con corto abrigo y sombreros flexibles de ala ancha, al más actualizado estilo francés.

Después que penetraron al interior de la Estación, los servidores públicos armaron las mesas, extendiendo albos manteles sobre los que extendieron muchas botellas de vino y champagne, todo acompañado de panecillos, trozos de queso chanco, de gusto del presidente y algunos productos exóticos como dátiles y caviar, y como estandarte, las banderas de Chile y de Francia.

Al interior estaban los directivos representantes de la constructora francesa Schneider y Creusot, nominados para construir dos hangares de acero, para proteger cuatro andenes de las nuevas líneas al sur de Chile y hacia el Puerto de Valparaíso.

Luego que el presidente puso la primera piedra de la nueva estructura, se acercaron a la mesa los comensales nacionales y extranjeros, hicieron el primer brindis con champagne y siguieron comiendo el resto de los entremeses con vino; acompañados de los compases de una renovada banda militar, que tocaba en las fiestas de la Primavera en la Plaza Brasil.

Antes de la construcción de la Estación Central, de allí hacia el sur eran los andurriales de la ciudad de Santiago, allí terminaba la parte urbana y comenzaban las tierras agrícolas. A ese sitio le llamaban Chuchunc?. La gente cuando le nombraban un lugar apartado, se había acostumbrado a decir - más lejos que Chuchunco.

Con la construcción de la Estación Central en1858, la zona agrícola se fue transformando en ferroviaria - urbana, con el tiempo se fue llenando de hoteles, restaurantes, bares, prostíbulos, depósitos de materiales, talleres, ferreterías y pequeños comercios.  

Las casas eran grandes, de buena construcción, destinadas a una clase media emergente, la mayoría con un solar central con corredores a los lados y en el cuadrado externo las habitaciones. En algunos sectores se habían concentrado campesinos e indígenas araucanos provenientes del sur de Chile, que se instalaban en viviendas improvisadas con las tablas de madera de los cajones de frutas. Los gobiernos al comprobar este desorden, les construyeron callejones, que eran calles ciegas con 50 chalets pegados uno al lado del otro, más conocidos como conventillos.

Más cerca de la propia estación de ferrocarril, había la maestranza, en ella había una explanada donde existía un puente giratorio para cambiar el sentido de avance de las locomotoras y hacia la periferia un conjunto de talleres metalúrgicos, destinados a reparar los vagones.

Ya por 1900, la estación de ferrocarril, recibía a los vagones cargados de ganado, harina de trigo, chuchoca, frutas como ciruelas, duraznos, uvas, damascos, vino en pipas, cueros.

Algunos pasajeros traían gallinas vivas o faenadas protegidas con carbón para que no se dañaran por el viaje. Otros traían ponchos, chalecos, zapatos artesanales, medias de lana?etc.

Muchos de estos productos se vendían en mercados populares, que había dos cercanos, atendidos por parientes sureños que habían venido a buscar suerte a la capital.

Después de la I y II, Guerras Mundiales, comenzaron a llegar los inmigrantes europeos (españoles, italianos, eslavos), debido al empobrecimiento de sus países, ya que los recursos económicos se habían gastado en la guerra. Muchos de estos inmigrantes traían ideas de avanzada para la época, como la organización de los trabajadores y el Anarquismo como doctrina libertaria. Varios de ellos establecieron imprentas y emitían panfletos que repartían a los trabajadores, y más de uno cayó preso por ese motivo.

En los tiempos más actuales, en un local ubicado en una de las calles del barrio Estación, se escuchaba el llanto de un niño, era un taller mecánico, donde el padre trabajaba de día, y en la noche debía cuidar los vehículos en reparación. Su mujer cocinaba en uno de los cuartos de la vieja casa, que sobrevivía a pesar de los recortes a que había sido sometida. El niño se había despertado por el ladrido de los perros, dos grandes mastines que los amarraban de día y los soltaban en la noche, los perros ladraban al escuchar el paso apurado de los obreros en las primeras horas de la mañana.

Todos los talleres adquirían vida a partir de las 8 de la mañana, después que los obreros habían desayunado y cada uno asumía su propio trabajo.

En la cuadra, que era de las largas, había dos Restaurantes que competían por ofrecer un mejor servicio, las muchachas que atendían, con un simpático delantalcito, se esmeraban por atender bien a los clientes, además de que los precios eran baratos. Más adelante había una carpintería de un inmigrante yugoeslavo, reconocido como buen ebanista, que fabricaba las cómodas y muebles de espejo, talladas de varios motivos y en diferentes estilos, también habían tres talleres mecánicos, un torno industrial, dos herrerías, tres ferreterías, una venta de libros usados, por la calle del costado había una carnicería, una venta de frutos secos, donde no faltaban las avellanas, los descarozados, la miel del sur, también había un pequeño taller de reparación de califont y anafres de parafina, donde se observaban los esqueletos de antiguos califonts ya obsoletos, que en su época fueron un lujo, solo disponible para las familias más acomodadas.

En toda esa zona florecieron muchos talleres de todo tipo, que emplearon a muchos trabajadores y le dieron un buen auge a la pequeña y mediana industria.

Un día, estando unos trabajadores en un andamio, pintando la fachada de un mercado; al frente se estaciono una carretela con verduras, de inmediato se bajo un hombre sonriente, de caminar amanerado, con un canasto de lechugas; cuando salió se despidió con un coqueteo de los trabajadores, uno de ellos despidiéndolo, le dijo - adiós yegua verde.

Cuando vino la dictadura de Pinochet, algunas casas fueron utilizadas como casas de tortura, ya que los militares pensaban que en los cuartos del fondo no se escucharían los gritos de los detenidos. Por otro lado le dieron apertura a la industria transnacional, que casi acabo con la industria nacional, y los trabajadores organizados fueron perseguidos.

Después de mucha muerte y represión, la dictadura perdió el plebiscito y abandono el gobierno, pero dejo al país amarrado, con una legislación que favorecía a los más poderosos y empresas extranjeras, dejando una gran impunidad por todos los 
crímenes cometidos.

Luego vinieron los gobiernos democráticos, que tuvieron muchos problemas, por ejemplo la educación universitaria estaba completamente privatizada, los estudiantes que querían tener una profesión, debían contraer un crédito, que debían pagar por 10 años después de su graduación.

La propiedad de los terrenos del barrio Estación Central estaba en manos de unas pocas familias importantes como Valdés, Santamaría, Ugarte, Ruiz Tagle. Como la mayoría de los terrenos estaban en condición agrícola o urbano industrial, si todos los terrenos se convertían en residenciales, el precio del m2 de terreno se valorizaría más de 10 veces. Uno de los presidentes de estos nuevos gobiernos democráticos, que tenía una constructora, tuvo la ingeniosa idea de cambiarle la condición a esos terrenos.

Después de intercambiar una serie de cables, se reunieron los presidentes de Chile y Argentina, para explotar unos yacimientos de minerales estratégicos ubicados en los hielos continentales, el problema que surgía, era que, en los tratados de límites de 1881, se había establecido por donde iba el límite, pero nunca se habían marcado los hitos por la línea limítrofe. 

Esto tenía cierta urgencia porque había compañías transnacionales que estaban dispuestas a invertir unos cuantos millones de dólares en su explotación.

Unas sociedades científicas a nivel mundial, alegaban que los hielos continentales eran un patrimonio de la humanidad que guardaba un registro geológico de millones de años, donde se podía averiguar los climas terrestres hace milenios, la existencia de vida primitiva en esos hielos, la posible existencia humana en esas regiones y que además representaba un importante reservorio de agua para el futuro; tomando en cuenta la voracidad depredadora de las compañías transnacionales, que por hacer dinero, iban a deteriorar el recurso natural, se aceleraría el derretimiento de los hielos y esto terminaría con la destrucción del recurso.

Los gobiernos aprobaron la explotación de los minerales sin atender los reclamos del mundo científico y patriótico.

Volviendo al barrio Estación Central, desalojaron a los talleres, muchos quedaron sin trabajo, los terrenos se fueron poblando de torres de concreto, que engordaron los bolsillos de unos pocos oligarcas.
 
*Rainer Pimstein: Ingeniero forestal , exprofessor de la Universidad Los Llanos, Venezuela.
Crédito Imagen: Archivo gobierno chileno 



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