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Infancia sin TV, computador ni celular - Eddie Gordon

13/02/2021




Infancia sin TV, computador ni celular

Por Eddie Gordon **

Las calles del barrio de Chacarita en Buenos Aires eran de adoquines y cuando pasaban los carros con los caballos hacían el ruido o sonido característico que hacen de las ruedas con llantas de metal en el adoquín.

Se dice que las personas son como los carros, cuando están vacías hacen mucho ruido, como son las personas que hablan mucho y se alaban para tapar de los que padecen.

Cuando chico (yo tenia 10 años em 1955) por mi calle Concepción Arenal casi avenida Corrientes, pasaba el barrendero, el basurero, el lechero, el sifonero, el panadero, el fiambrero, el hielero, verdulero y frutero, todos con carros y muchos de ellos tirados con caballos.

En una oportunidad me subí al carro del lechero que lo dejaba en la puerta de la lechería para reponer leche en sus grandes tarros de reparto, yo me subí al carro por la parte de atrás y el caballo comenzó andar, yo me bajé y el caballo se fue solo pensando que lo estaba manejando el lechero, por la avenida Corrientes y hubo que perseguirlo varias cuadras. El lechero casi me mata.

Al fiambrero yo siempre les pedía queso y dulce y leche al lechero, ellos siempre me daban.

Las casas eran casi todas bajas, la calle y vereda me parecían muy grandes, visto por mi pequeño cuerpo de niño. 

Cuando me enojaba con mi mama, me subía los árboles o al palo que sostenía los cables de luz y teléfonos que estaba al borde en la puerta de mi casa, esta tenia unos grandes clavos a los costados que hacían de escaleras, llegaba hasta arriba y me gustaba observar el barrio desde lo alto, también recorría los techos por las cornisas de las casas de los vecinos, tenia alma de gato.

Las hazañas mas terribles eran cuando me tiraba frente al tranvía para ver como se desesperaba el conductor para arrojar el salvavidas que tenia en su parte delantera, una especie de pala con rejas metálicas, todo esto a mis aproximados 4 o 5 traviesos años.

Nuestros juegos eran: El patrón de la vereda, las escondidas, la mancha (agachada y/o venenosa), las bolitas, figuritas redondas y cuadradas (espejito y puchero) en los varones y las figuritas con brillantes y las muñecas, las mujeres. A veces hacíamos el club de revistas o la venta de algunos juguetes o bebidas limonadas. El triciclo era la diversión de los más chiquitos y la bicicleta para los más grandes que podían comprarla.

Jugabamos mucho en la Plaza Los Andes sobre Corrientes. En el primer sector que empezaba en Dorrego, había una hermosa fuente con estatuas de bronce donde salía agua desde los bordes y se llenaba haciendo una especie de pileta donde a veces nos bañábamos. El Segundo sector con muchos aboles estaba el mástil con su bandera, en ese sector muchas veces jugábamos futbol. E el tercer sector estaba la calesita y los juegos, donde siempre me llevaba mamá a jugar.

Enfrente y hacia la izquierda estaba La Quema lugar donde se llevaba a incinerar los residuos o basura del barrio por medio de carros tirados por caballos y los camiones recolectores posteriormente.

El chicle Adams y posteriormente el Plop o Bazooka nos mantenían masticando siempre y haciendo globos. Los paseos eran al zoológico, la plaza y a puerto de La Boca con el tranvía No. 12 donde nos llevaba mi abuela Catalina a comer sandia y pasear en bote cruzando el Riachuelo. A la vuelta no aguantábamos el deseo de hacer pis y lo hacíamos en el tranvía en forma disimulada.

No existía el televisor y no todos podían tener auto.

Por la calle Córdoba estaba el cine-teatro Regio al que nos llevaba mi abuela a ver los miércoles, en día de damas (precios módicos) todas las películas antiguas y la pasión de Jesús en época de Semana Santa. Algunos domingos cuando las finanzas permitian ibamos a ese cine Regio todo el grupo de chicos de nuestra calle. Eran três películas, uma de conboys , otra de romance y um musical.

La heladera era marca Siam, pero solo la gente de dinero la podía tener, la mayoría de los vecinos tenían heladera a hielo. La gente en esa época se reunía mucho en las casas a jugar a las cartas, la lotería o perinola. Se jugaba por monedas y mantenía a la familia muy unida.

Los vecinos salían a la noche en verano a tomar mate o alguna bebida refrescante a la puerta de calle, sacando los banquitos, sillas o reposeras para tomar el fresco, mientras los chicos jugábamos. También entre vecinos se obsequiaban con alguna comida o postre que se cocinaba y convidaba al vecino de al lado o enfrente. La gente era más unida. Éramos muy felices!
** Eddie Gordon profissional del sector inmobiliario, vive en Los Angeles, California
Crédito - Adoquines de Concepcion Arenal -  Guillermo Piernes (año 2018)


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