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Que suerte para la desgracia! - Guillermo Piernes

23/02/2021




­¡Qué suerte para la desgracia!
Por Guillermo Piernes **
¡Qué suerte para la desgracia! Así definía sus andanzas un comediante sudamericano.
Me acordé de él cuando en 1986, como representante de la OEA en Brasil, tuve que enfrentarme publica y casi simultáneamente con los embajadores de Estados Unidos y Cuba.
También recordé la frase del cómico en 1990 cuando defendí con firmeza la entrada del primer soviético a Paraguay, cuando no existían relaciones diplomáticas entre el país sudamericano gobernado por el general Alfredo Stroessner y la URSS.
Después de desempeñarme en Washington como Director de Información Pública y vocero del Secretario General de la OEA, João Clemente Baena Soares, fui enviado a Brasilia como representante del organismo regional, con status de jefe de misión diplomática. Pensei que seria una misión menos delicada que a cumprida em Washington. No!  
La misión fue compleja porque tuve que dar atención a los 80 proyectos de cooperación técnica y con un desafío extra: La misión se llevaba cabo en el país del Secretario General trabajando muy cerca de Itamaraty, la institución donde Baena Soares construyó su brillante carrera, desde tercer secretario a Ministro interino de Relaciones Exteriores de Brasil.
Ya había advertido a mis interlocutores en Brasilia que mi lealtad a Baena Soares era total y que lo defendería de las intrigas palaciegas, frecuentes en todos los centros de poder, y de cualquier actitud que pretendiera socavar su brillante tarea como competente secretario general de la OEA, integra e independiente.
Todo estuvo razonablemente en calma hasta que llegó el nuevo embajador de Estados Unidos en Brasilia, el experimentado diplomático de carrera Harry Shlaudeman.
Como todo buen diplomático, sabía que no se podía decir nada controvertido sobre las relaciones bilaterales hasta después de presentar credenciales al Presidente de la República. Así lo hizo el veterano diplomático en el aeropuerto de Brasilia al ser entrevistado por periodistas.
Pero al ser consultado sobre las relaciones hemisféricas, el embajador estadounidense dijo que Estados Unidos considera que los intereses de su país no eran atendidos en la OEA.
Al día siguiente hablé con el columnista diplomático del Correio Brasiliense, Manuel Mendes, y le dije que el diplomático de los Estados Unidos tenía razón: la OEA y su Secretario General no atendían los intereses nacionales de Estados Unidos y seguían solo los lineamientos de decisiones emitidas por consenso o votación entre todos los países miembros. La atmósfera se puso tensa.
Semanas después, en una recepción, tuve una conversación con un asesor del embajador y le dije que lamentaba los posibles inconvenientes ocasionados, pero que era mi deber profesional defender a la OEA y su Secretario General. El mensaje llegó a Shlaudeman.
Días después me invitaron a tomar un café con Shlaudeman en la embajada. Fue una grata conversación con el embajador que anteriormente había encabezado las embajadas en Venezuela, Perú y Argentina.
Cómo parar los chismes y las intrigas, pregunté. Yo mismo respondí: "Una imagen vale más que mil palabras". El asistente del embajador llamó al fotógrafo.
Al día siguiente, el mismo Correio Brasiliense publicó la foto de Shlaudeman y el representante del organismo internacional sonriendo con tazas de café en la mano. El episodio terminó ahí.
Los rayos pueden caer en el mismo lugar. Dos meses después de que se solucionase el tema de discordia con Schlaudeman, el primer embajador cubano llegó a Brasilia tras la reanudación de las relaciones, cortadas durante el régimen militar.
Se trataba de Jorge Bolaños, uno de los seis vicecancilleres del régimen de Fidel Castro y ex embajador de Cuba en Polonia, Checoslovaquia y Reino Unido.
En el aeropuerto de la capital brasileña, nuevamente, los periodistas entrevistaron a otro embajador cauteloso respecto a declaraciones sobre las relaciones bilaterales. Ante todos sus cuidados, los periodistas le cuestionaron sobre la OEA, donde Cuba estaba suspendida como miembro. Bolaños habló sobre un supuesto alineamiento de la organización regional con los intereses estadounidenses.
La historia se repitió. Llamé al columnista Mendes para decirle que deseaba éxito al nuevo embajador cubano, pero era evidente que los largos años de suspensión de Cuba en la OEA habían dejado obsoleta su visión sobre el organismo regional, con un diplomático brasileño como Secretario General. Así fue publicado.
Días después en una recepción en la embajada de México, el anfitrión me llamó para presentarme a Bolaños.
Al acercarme, el diplomático cubano levantó los brazos y clamó teatralmente: "Hermano, te juro que en Brasilia nunca más pronunciaré la palabra OEA". Nos dimos la mano con fuerza. Bebimos un trago largo, hablamos bastante y nos reímos mucho. El asunto se cerró definitivamente.
En 1990 continuaba como Representante de la OEA en Brasil cuando en ese año Paraguay y la Unión Soviética no mantenían relaciones diplomáticas, rotas durante el régimen del General Alfredo Stroessner.
En ese 1990, la OEA había programado su Asamblea General en Asunción.
El profesional soviético Vladimir Golenkov era corresponsal de Tass en Brasilia y quería cubrir la reunión del organismo regional. Como representante de la OEA en Brasil, le informé al Embajador de Paraguay que estaba interesado en recibir la visa.
Ante sus dudas y razones, insistí con vehemencia en que la reunión de la OEA estaba programada en Paraguay, pero ese país tenía la obligación de otorgar visas a los periodistas profesionales interesados en cubrir la reunión del organismo regional. Un impasse.
Finalmente, luego de un cierto cansancio, Golenkov recibió una visa de turista y llegó a Asunción donde recibió la credencial de prensa de la asamblea de la OEA y cubrió la reunión. Acabo siendo un astro en el ámbito de la reunión porque la prensa en Paraguay dio el mayor énfasis a la llegada del primer soviético al país.

Concluí mi misíon como representante de la OEA despues de participar en la Rio-92, cuando asistí al fortalecimiento de la cooperación internacional para proteger al Planeta, un antecedente del Acuerdo de París, la principal iniciativa global para frenar un previsíble desastre ambiental.  

Cuando recojo estos recuerdos profesionales que reflejan fielmente lo sucedido, aprovecho para afirmar que tuve la fortuna de trabajar y tratar con grandes profesionales a lo largo de mi vida.
** Guillermo Piernes: Periodista, escritor y conferencista
Foto de conferencia de prensa de João Clemente Baena Soares, flanqueado por su vocero Guillermo Piernes.



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