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Ella - Guillermo Piernes

11/03/2021




­Ella 
Por Guillermo Piernes **
"Mi vecina es hermosa y joven y estoy seguro de que te encantará", le dijo la divertida amiga a Thiago.
También comentó que esta chica quedaría deslumbrada por sus libros de arte, con el cuarentón atrayente y sus histórias, con el cuerpo de activo tenista, profesional de suceso. 
- ¿Por qué no?
La amiga la llevó a su casa, comentando sobre la biblioteca y la piscina rodeada de palmeras imperiales, en la noche cálida bajo el despejado cielo de Goiânia.
Fue como un rayo. Thiago la vio y sintió que le faltaba aire a los pulmones. Dieciocho años, ojos castaños algo azulados e inquietos, cabello largo también castaño, suelto. De altura media, silueta fina resaltada por el pantalón azul y la blusa amarillo suave con sandalias de tacón medio. Ella todavía no está segura de su belleza. El extasiado.
La joven aceptó tímidamente una copa después de mucha insistencia. La primera y última bebida alcohólica había sido en la graduación de la escuela secundaria dos años antes.
La amiga abandonó la escena y se dirigió a la cocina. La excusa fue aprender una receta de la cocinera que se presentaba en la casa de Thiago cada tres días y dejaba todo resuelto.
En palabras, cambiaron lo social básico, algunas ideas sobre pintura, literatura y la universidad, que ella comenzaba a cursar. - "Quiero que veas mi biblioteca", le dijo después de los tragos y de introducirla a algunos clásicos del jazz. 

- ¿Que estoy haciendo?, se preguntó. No quiso buscar la respuesta en su cerebro. Quien mandaba en ese momento era una otra fuerza, poderosa. 

El tomó su mano para subir por la escalera de madera. A ella le parecio algo muy gentil. Para el ese gesto era una necesidad. Precisaba coger la delicada mano feminina porque se sentia sin equilibrio y sabia que no era por el efecto de una dosis de whisky.  

No mostró la biblioteca. Antes de llegar a los estantes la besó con fervor. Sus labios parecían transmitir que la había besado desde siempre. Ella estava indefensa, paralizada. Se dejó besar.
La recostó en la alfombra en el centro de la biblioteca. Le quitó la blusa y los pantalones con delicadeza. El resto lo retiró con una determinación que sería difícil de resistir.
Thiago exploró con la boca cada centímetro de piel blanca, suave y perfumada. Escuchó acelerar el joven corazón cuando paseaba por sus senos. Notó una pequeña cicatriz cerca del pubis empapado de deseo. Volvió a besarla en la boca.
La joven colocó su pequeña mano sobre el fuerte pecho masculino para que sus ojos se encontrasen directa y profundamente. En ese momento cayó toda la resistencia.
Los corazones tardaron mucho en recuperar sus latidos normales. 
Kelly - era su nombre - clavó su mirada en ese casi extraño. Miró perpleja a ese hombre al que había conocido tan recientemente y con quien acababa de hacer mucho más que un sexo explosivo y gratificante. Había hecho el amor en todas sus dimensiones. Fascinada, sus ojos reflejaban placer y asombro.
Los ojos de él estaban nublados por las lágrimas. Si estaba seguro. Se había topado con la pasión de su vida.
** Guillermo Piernes - Escritor y periodista
Pintura Marieta de Courbet - Siglo XIX




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