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Justo, el periodista - Guillermo Piernes

11/07/2020




El periodista Justo
Por Guillermo Piernes **
Como pocos sabía retratar los escenarios de Argentina y Brasil, sus pueblos, esta mezcla de razas en tierras generosas, explotadas e injustas.
Justo Piernes fue un periodista comprometido con la verdad. En sus líneas, las palabras bailaron con elegancia y claridad para transmitir a los lectores el volcán de sensaciones, emociones, alegrías y penas de los seres involucrados en sus crónicas, la precisión para narrar procesos políticos.
Era un maestro en la pintura de contradicciones. Fue galardonado por sus reportajes sobre las millonarias negociatas en la exportación de carne durante la época de la Argentina muy rica con mayoría de habitantes pobres. Describía el drama diario de los excluidos, los arreglos entre las garrapatas del poder. Redactó una crónica inolvidable de un pueblo del empobrecido norte argentino que celebraba la llegada del agua potable el mismo día que el hombre llegó a la Luna.
Su cobertura internacional tuvo impacto histórico.
En 1961, Justo informó directamente desde el Palacio Piratini en Porto Alegre, en los días electrizantes de la Campaña de Legalidad dirigida por el gobernador gaucho Leonel Brizola para que João Goulart pudiese asumir como presidente de Brasil. El palacio casi fue bombardeado. La aceptación de Goulart de un régimen parlamentario especial evitó el derramamiento de sangre.
Goulart viajó a Brasília y juró como presidente. En pocas horas volvió la normalidad. Justo terminó la misión con una crónica colorida del clásico del futbol Gremio-Internacional, el Gre-Nal. "Fui a cubrir una posible guerra civil y terminé comentando sobre un gran partido de fútbol", resumió.
En 1967, desde La Paz, fue el primero en informar que el Che Guevara encabezaba la guerrilla en Bolivia cuando el mundo pensó que había sido arrestado o asesinado por desacuerdos con Fidel Castro. Pocos creyeron hasta que días después las autoridades bolivianas confirmaron el reportaje.
En 1972, desde Quito envió las primeras noticias sobre el plan militar para derrocar al presidente Velasco Ibarra. Estaba acompañando una visita del presidente argentino, general Alejandro Lanusse. Fue detenido en la capital ecuatoriana. Solo la intervención directa de Lanusse le permitió regresar a Buenos Aires.
Días después, Velasco Ibarra fue derrocado por los militares y llegó al exilio en la capital argentina. Visitó a Clarín para felicitar al autor del artículo, declarando que habría evitado que el golpe de estado de creer en la noticias enviada por Justo.
En Clarín creó la columna Miniturismo donde reveló, lejos del centro de atención, pequeños lugares llenos de vida, poesía y color, historias de hombres y mujeres solo recordados en el momento de las elecciones.
Era un intelectual que sabía cómo llegar al alma de sus lectores. Así es como escribió las mejores crónicas de fútbol, porque sabía que la emoción del juego gambeteaba las sufridas rutinas y sacudía las fibras vencedoras de aquellos que siempre pierden. Con sus artículos iluminaba a muchos e irritaba a algunos.
En 1976, debió huir al Brasil con la ropa puesta para no ser asesinado por la Triple A, un grupo fascista radical de exterminio. El gran periódico para el que trabajaba lo despidió por "abandonar el trabajo". Eran los años del llamado Proceso.
En Rio de Janeiro Justo consiguió trabajo como corresponsal de la agencia española EFE. Escribió impecables notas sobre del proceso de re-democratización.
Cuando el entonces presidente João Figueiredo defendió el regreso de los exiliados políticos brasileños, Justo le regaló una camiseta de San Lorenzo, equipo campeón en 1933, donde jugaron los dos primeros brasileños del fútbol argentino, Petrolino y Valdemar. El general Figueiredo y Justo eran fanáticos de este equipo cuando eran adolescentes en Buenos Aires.
Figueiredo vivió varios años en la capital argentina con su padre, el general Euclides Figueiredo, uno de los líderes militares en el levantamiento de São Paulo contra el gobierno de Getulio Vargas, en 1932.
Cuatro años después de su salida forzada de Argentina Justo recibió en Rio de Janeiro una llamada de un hombre con acento porteño. Dijo que era un lector de sus crónicas de fútbol. Lo invitó a una cerveza. Sobre la mesa llegó la revelación. En 1976, Triple A le ordenó a este hombre que matara a Justo por ser un periodista molesto.
Había elegido el lugar y el momento después de estudiar sus movimientos. Serian dos disparos con silenciador en el ascensor del Ministerio de Economía, que Justo visitaba en las últimas horas de la tarde para hablar con sus fuentes. Decidió darle a Justo la oportunidad de abandonar el país en 24 horas.
El matador recordaba que sus crónicas de fútbol lo conmovían. Por teléfono convenció a Justo que no era una amenaza más. Que era la última oportunidad que tendría para no morir. Enumeró lugares y las horas donde el periodista había estado la semana anterior. Justo tomó el primer avión que salió del aeropuerto de Ezeiza.
El agente de exterminio arrepentido le confesó que también debió huir porque en Argentina estaban borrando archivos y él sabía demasiado. Pidió su perdón. Justo perdonó a su casi asesino. Nunca más supo de él.
Con los vientos democráticos, el periodista regresó a su ciudad natal. Volvió sin rencor. Justo murió de un ataque cardíaco fulminante en una fría mañana de julio de 1989. Fue el día más triste de mi vida. Había perdido a mi padre, mi ídolo.

Crédito imagen: Archivo familiar
** Guillermo Piernes. Periodista y escritor



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