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Leonel Messi y Yo - Guillermo Piernes

22/11/2021 00:00




­Leonel Messi y yo

Por Guillermo Piernes **

Que placer pegarle bien a la pelota. Creo que es el único punto de convergencia en calidad futbolistica entre Leo Messi y quien escribe estas líneas. 
 
Disculpenme los lectores pero la única gambeta literária que podia intentar era mencionar esse fenômeno del futbol para que comenzaran a leer esta desprolija crónica sobre futbol y otras cositas mas.

Ese placer se terminó para mi. Me vi forzado a parar de jugar porque um menisco medial no resistio a 70 años de futbol. El medico ortopedista dijo que podria ser operado pero me miro fijamente y preguntó: ¿... Realmente quiere seguir jugando al futbol ...?. En voz casi inaudíble le respondi: "No...voy a parar..."

No es que yo esté viejo para el futbol - como algunos hinchas opositores puedan pensar -. Bueno, dejemos las controvérsias y permitamos que ruede el balón. 

Cuantas emociones le debo a la pelota. Desde las noches mal dormidas cuando niño al saber que al dia siguiente mi padre me llevaria al parque a jugar con el. Si Messi es mi ídolo del futbol de este siglo, mi viejo Justo Piernes fue y es el ídolo de mi existencia. 

Primero fue el cesped de la vecina Plaza Los Andes en Buenos Aires y peloteos en el largo pasillo de mi casa con hermana menor Maria Eva - a quien yo dictatorialmente la obligaba a jugar conmigo y hacerlo bien -. Despues canchas en Palermo, Alejandro Korn, Caseros, Santos Lugares, Carmen de Areco, Ezeiza.

Mas tarde en la gramilla del estádio del equipo de corazón, Atlanta, donde amenacé seguir una carrera profesional. La abandoné poco después de iniciada debido a los estúdios y la autocrítica. Yo bien sabia que la excelente explosión y olfato de artillero ocultaban un talento futbolistico minúsculo y presentia que en el periodismo me iria mejor. 

Despues jugué en diferentes equipos - como amateur - de clubes, empresas, asociaciones, amigos, colegas, de amantes de esa caprichosa pelota. Asi pisé en el cesped de campos en Rio de Janeiro, Brasília , Caracas, México, Estados Unidos y finalmente en un campo de futbol de una quinta en la región metropolitana de São Paulo, del cual me referiré mas adelante.

Aprendi a ganar y perder. Ni las victorias ni las derrotas duran mucho. El deporte asi enseña. Vale igualmente para la vida.

La memória guarda los mejores momentos para que sigamos sonriendo inclusive despues que las rodillas dicen basta y la arritmia nos amenaza si infringimos las inexorables reglas de la Naturaleza.  

Gracias al futbol encontré la entrada para iniciarme profesionalmente como periodista. Mi debut fue en las paginas deportivas del Diario Clarín de Buenos Aires, cuando tenia 19 años. Tuve suerte y audacia juvenil (ver crónica en este sitio sobre El equipo de José) y pasé a destacarme. Con el suplemento deportivo de los lunes, Clarín vendia entonces un millón de ejemplares por dia. 

Con 21 años, ingresé a la United Press International (UPI). Hubo cierta y fundamentada desconfianza entre los colegas mas veteranos sobre si el joven surgido del periodismo deportivo podria manejar temas políticos y econômicos.

El jefe de la redaccion local de la agencia americana de noticias, Bernardo Rabinovitz, me dió un inesperado y decisivo apoyo cuando les comentó a los veteranos de la redacción: "quien sabe informar y trasmitir emoción de lo que hacen 22 personas simultaneamente en uma cancha tiene las herramientas para ser um buen cronista político o econômico".

Tambien tuve suerte en la UPI y mi carrera decoló. Esa carrera me llevó a las mas importantes coberturas políticas y econômicas en vários países trabajando para los mayores médios de comunicación del mundo, entre otros Reuters y Gazeta Mercantil, acompanhando pasajes de la História y transitando entre importantes personajes y también entre algunos delincuentes famosos. 

Igualmente tuve la fortuna de cubrir Copas Libertadores, Intercontinental, Mundial, Juegos Panamericanos, de ser amigo de grandes cracks, conocer muchos otros y hasta ser colaborador de la histórica revista deportiva El Gráfico. Segui acumulando victorias y derrotas, con la naturalidad con que recibí los resultados del futbol. Pienso que la própia vida es um juego maravilloso, como el futbol.

Claro que el futbol cambió bastante, no solo en el peso de los botines. En las metropolis desaparecieron miles de terrenos baldios con canchas gratuitas. Se venden jugadores flojos por millones, dejando grandes dividendos para intermediarios e incentivadores de las transferencias. Inescrupulosos ilusionan miles de famílias de las periferias y les arrancan algo de lo poco que tienen. 

El amor a la camiseta cedió terreno para el amor a las ganâncias materiales. Creció la industria de hacer mudanzas constantes en las camisetas para impulsar ventas.

Instituciones del futbol buscan transformar el deporte en una mercaderia a ser vendida por todos los médios de comunicación. Patrocinadores y lucro por sobre todo. Se transfieren los partidos de finales para otras ciudades y países. En la práctica se excluye al hincha de bajo ingreso para entrar en los estádios.

Varios gobiernos del mundo siguen distrayendo multitudes con pan y circo, o sea por medio de los contemporâneos auxílios miserábles para los hambrientos y mucho futbol por TV. Mandatários continuan desfilando con camisetas de clubes populares. 

Pero rechazo la teoria que el futbol idiotiza. El futbol no hace milagros. Mantiene a los idiotas igualmente idiotas y los otros siguen siendo los otros.

El espíritu del futbol está vivo. Lo comprobé, una vez más, hace poço tiempo. Eso a pocos kilómetros de São Paulo, donde me refugio en uma quinta con cancha de futbol, escenário de esos partidos.

Jugué mis últimos partidos casi andando por la cancha, atento a todo indicio de claudicación de la rodilla o el corazon. Pese a jugar casi en el limite del off-side esperando un pase al pie o un rebote de la defensa, muchas con arqueros improvisados, marqué solo tres goles en un año. ¿Verguenza...? Nada. Solo alegría.  

Los compañeros de mi ultima etapa como jugador son hombres que trabajan en pequenos y grandes mercados, inclusive hasta minutos antes de los partidos domingueros.

Un domingo, uno de esos compañeros hizo um golazo. Me acerqué para felicitarlo y al abrazarme me dijo: "estas tardes del domingo son los minutos mas felices de mi vida". Me alejé rápido antes que uma lagrima me gambeatara en público. Por eso amo el futbol, hasta el pitazo final. 

** Guillermo Piernes: periodista y escritor
Pintura de Leonel Messi: Artista Maria Eva Piernes


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