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Vida en un conventillo - Justo Piernes

12/07/2020




Los que vivieron en un conventillo

Por Justo Piernes **

Yo nací y vivi en un conventillo, como el 80 por ciento de la generacion del 40, la llamada generacion perdida en Argentina, un país muy rico con sus habitantes muy pobres.

Y estoy orgulloso. Porque aquellos hombres y mujeres, acosados por el hambre, me enseñaron la esencia de la vida. Y lo que es lucha de verdad. La lucha interior. Lo que sirve para siempre.

- Si, nací y crecí en un conventillo.

Estaba casi en el centro de Buenos Aires, en la calle Chile 1340. Me hice hombre en ese conventillo. Y en ese conventillo arranqué los ejemplos permanentes que me guiaron. Y aún me ayudan a tener fé. A saber lo que es verdaderamente la lucha por la vida. Y -de paso- achican los problemas de hoy que al lado de aquellos -los que asolaban a esos hombres y mujeres- son simples cuentos de hadas. Vamos a esos ejemplos.

¡Que fenómeno era doña Lucia! Vivía en la sala. Había quedado viuda con un pibe. Se hizo planchadora a la fuerza porque no habia pensión ni nada. El trabajador que moría, moría de verdad. Moría para toda la vida. La suya y los que quedaban colgados del alambre de la falta de justicia social. Doña Lucia se levantaba a las cinco de la mañana y se acostaba a medianoche y siempre contenta. Con su sole mio a flor de lábio.

El recuerdo de su Italia que habia dejado a los quince años. Con su plancha hizo milagros. Aquel pibe se recibió de Doctor en Ciencias Económicas.

El asturiano del comedor . Otro fenómeno. Era carnicero. Y los carniceros de aquel tiempo habian conseguido la gran conquista: no trabajar el domingo por la tarde. Pero, además de ese franco el domingo por la tarde, tenía una úlcera en la pierna. Sus gemidos de dolor los escuchaba yo cuando llegaba de madrugada y él se levantaba para ir a la carnicería. Y así, tomándose de las paredes volvía al mediodía para dormir una siesta de dos horas.

Aquellas siestas de Don Nicanor eran sagradas para todos los habitantes del conventillo. No se escuchaba el vuelo de una mosca. Todos teníamos consciencia de cuánto necesitaba ese descanso. Y a las dos horas, otra vez de pie, para retornar a la carnicería.

Y eso, todos los dias. Fue un milagro de supervivencia. Así -gimiendo sordamente y agarrándose de las paredes- vivió cinco años sin faltar um solo dia. Murio de eso. Cientificamente dictaminaron en el acta de defunción que habia muerto de leucemia. Pero no. Yo se de que murió. 

Lo descubri con los años. Don Nicanor murió de la enfermedad de una época argentina. Trabajo sin recompensa. Ni física, ni moral, ni económica. Don Nicanor murió de injusticia. Para qué seguir con Don Nicanor. Para qué recordar la tristeza de un velatorio que, era más triste en la pieza de aquel conventillo. Don Nicanor fue mi gran ejemplo. Es que Don Nicanor era mi viejo...

Del libro Crónicas con Bronca
Crédito foto: Taringa
**Justo Piernes: Maestro del periodismo sudamericano



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