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Explosión de la nave espacial - Guillermo Piernes

24/07/2020




La explosión de la nave espacial

Por Guillermo Piernes **
Una de las mayores tragédias de la exploración espacial. 

Pasaron más de 30 años pero millones recuerdan la explosión del Challenger, transmitida al vivo por la televisión. Murieron los siete astronautas que viajaban en la nave espacial.

Nunca lo olvidaré, no solo por la característica de la tragédia, sino también porque fue mi prueba más dura como vocero del Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), em Washington.

Por mi trabajo, acompañaba al embajador João Clemente Baena Soares en todos sus viajes para transmitir información a la prensa, prever o reaccionar a las preguntas tratando de ser lo más fiel posible a los pensamientos y acciones de este magnífico profesional de la diplomacia brasileña y mundial.

El 27 de enero de 1986, pedí no acompañarlo a Miami, donde el Secretario General pronunciaría una conferencia sobre la situación en Centroamérica. Tenia trabajo atrasado porque yo también era el Director de Información Pública del organismo regional.

En la mañana del 28 de enero, prendí el televisor en mi despacho en el anexo del Panamerican Union Building para ver el lanzamiento del transbordador espacial. A los 73 segundos de lanzamiento, la nave espacial explotó. La NASA informó poço despues que nadie había sobrevivido.

Después de la conmoción - con la cabeza fría de un ex corresponsal de una agencia internacional - vi la oportunidad de dar máxima difusión de un mensaje político y humano positivo que ayudase a la aproximación entre países. 

Un mensaje donde todos los gobiernos de los países miembros coincidirían, los de derecha, izquierda, centro, dictaduras, pseudodemocracias, pro y antiamericanas, teniendo al Secretário General como mensajero.

Un comunicado de solidaridad al presidente Ronald Reagan por la trágica pérdida de vidas humanas y para la ciencia en nombre de todos los estados del continente americano.

Varias veces intenté comunicarme sin éxito con mi jefe en la Universidad (en ese tiempo nadie tenía un teléfono celular). Debería actuar rápidamente porque despues del impacto el mundo requeria reacciones inmediatas. Sabía que esoo tendría enorme repercusion en la televisión, agencias de noticias, radios, periódicos y otros medios.

Escribí un mensaje breve y directo de solidaridad en el que el Secretario General se dirigia al Presidente de los Estados Unidos, en nombre de los treinta y cuatro países miembros de la OEA. Si él estuviese en Washington, estaba seguro que lo haría. Solo que no estaba.

Instruí al jefe de prensa Miguel Frankenfeld que enviase el mensaje a la Casa Blanca y a todos los medios, sin un solo comentario. Ni siquiera intenté consultar el tema con mi gran colega y amigo Enrique Durand, quien dirigia la revista Americas de la OEA y estaba a pocos metros de mi oficina. Probé lo que es la soledad de las grandes decisiones.

Pocos minutos después de enviado el mensaje, prácticamente todos los canales de televisión en los Estados Unidos, Televisa en México, TV Globo en Brasil, Canal Siete en Argentina, entre centenas de otros, reprodujeron el texto que había enviado en nombre del Secretario General, acompañado de la imagen de la nave espacial transformandose en pequeños fragmentos y humo.

Un mensaje difundido mundialmente, preparado y enviado en y con el nombre del Secretário General, pero sin su autorización o conocimiento.

A última hora de la tarde fui al aeropuerto nacional para recibir a Baena Soares. Sabía que había quebrado el primer mandamiento de un vocero: hablar o escribir sobre algo sin combinar con el jefe. Nada de esto había sucedido en una tema de repercusión gigantesca.

- Alea Jacta Est! Debo renunciar inmediatamente - pensé,

No me dió tiempo para hablar. Cuando llegó a mi lado, con una sutil sonrisa y socarronamente comentó - Finalmente hiciste algo para justificar tu sueldo.

Pasé 10 años en la OEA, tres años em Washington como vocero y Director de Información Pública y siete como director del organismo regional en Brasilia. Estoy enormemente agradecido por ese jefe tan profesional, sabio y humilde que tanto contribuyó al entendimiento entre os pueblos del continente.

Sus enseñanzas me inspiran hasta hoy. Nunca podré aceptar la ignorancia y la arrogancia como herramientas para ejercer el poder.
 ** Guillermo Piernes, periodista y escritor
Crédito Imagen Challenger - NASA



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