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El cantante - Rainer Pimstein

24/01/2022 00:00




­El cantante 

Por Rainer Pimstein ** 

En una aislada isla del Caribe, vivían los descendientes de unos esclavos africanos y los restos de la población indígena nativa. Los esclavos venían del Dahomey africano, habían sido reclutados por comerciantes portugueses, quienes los habían vendido en Liverpool, un puerto más al interior de Londres, allí los habían comprado unos ricos empresarios franceses, que habían fletado un barco para establecer una plantación de caña de azúcar, en la isla. 

Después de producida la caña se llevaba en barco a un ingenio azucarero en Cuba, donde la molían, y luego cristalizaban el dulce jugo, que después se transformaba en azúcar, la que posteriormente se exportaba en sacos a Europa. Fueron 60 los esclavos, 40 hombres y 20 mujeres. Vivian en un galpón al estilo de un campamento de trabajadores, los hombres con sus machetes, debían limpiar los terrenos, sembrar la caña, darle mantenimiento, cosecharla, y cargarla en mulas al puerto. Las mujeres cocinaban, lavaban y remendaban la ropa, cumpliendo su papel de compañeras. 

En un principio todo anduvo bien, había mucho trabajo y buen bastimento. Habían 5 capataces armados y un calabozo, los empresarios venían una vez cada 2 meses, pero después de 6 años, los empresarios venían cada 6 meses, muy bien vestidos pero con poco dinero para hacer las compras, se decía que se habían peleado entre ellos; los capataces se vieron en la necesidad de mandar los esclavos a cazar liebres, cochinos de monte, gallinetas?etc. y sembrar algunos productos agrícolas como la yuca y la malanga. Los esclavos fueron conociendo el interior de la isla, donde estaban los bosques, donde habían fuentes de agua, que sitios eran pantanosos, por donde se podía transitar, en que sitios se podían esconder?como podrían llegar a una playa para conseguir algunos productos del mar.

A los 8 años no aparecieron mas los empresarios, los capataces trataron infructuosamente de controlar la situación, los esclavos se rebelaron y se perdieron por las montañas, seguidos de las mujeres y algunos niños que habían llegado al mundo. Los capataces al no poder controlar al grupo, en el primer barco que apareció, se fueron a Cuba, dejando a los esclavos a su suerte. Los esclavos se organizaron de acuerdo a los recursos naturales que iban apareciendo en su diáspora, así se formo un caudillo en el bosque que aportaba la madera para las viviendas y embarcaciones, otro en las fuentes de agua que aportaba productos agrícolas y otro en la playa, que aportaba el pescado y productos de otras islas.

Pasaron los años, los esclavos, se casaron entre ellos y con las mujeres indígenas de la isla, formando una comunidad muy organizada.

En la playa, se concentraron 30 casas alrededor del puerto, En una de esas casas vivía Mocambo y su bella mujer india, Leontina, con Vicente el hijo de ambos. El, con su bote, trabajaba de pescador y le vendía productos a las embarcaciones que circulaban entre las islas. Entre las casas y el mar había un pantano formado a partir de una antigua laguna, en ella la madre de Vicente criaba 2 cerdos, destinados uno para venderlo y el otro para comerlo en tiempos de navidad y año nuevo.

Vicente ya tenía 12 años e iba a la escuela, cuyas clases se realizaban en una casa abandonada; que también era utilizada para hacer misa los domingos; que era cuando venía el pastor. Las clases de la escuela las impartía una maestra que venía de otra isla; pero se quedaba, toda la semana, volviendo el fin de semana a su isla de origen. Los alumnos la trataban con respeto, Vicente, la admiraba. 

La maestra les enseñaba matemáticas, música, geografía y gramática, ella era joven y le gustaba enseñar, la gente le agradecía dándole alojamiento y comida y no faltaba el fin de semana que llevaba a su casa un alijo con productos de la isla.

Vicente, fuera del aula, acompañaba a su padre en la pesca y la comercialización de los pescados. En Música, era un alumno aventajado, y aprendió a tocar la guitarra con gran destreza.

En esa rutina, pasaron 5 años. Un día apareció un barco cuyo capitán pasaba por la isla cada 4 meses, Vicente lo conocía y sabía que tenía especial predilección por un pez que era blando, pero a la vez era fibroso, era semejante a un pejesapo; de esos que se pegan a las rocas. 

Como el capitán se estaría hasta el día siguiente, Vicente, sabiendo donde encontrar el consabido pez, agarro su red ataralla y se fue a un roquerío conocido y consiguió abundante cantidad de dicha especie marina; de inmediato se fue remando a llevarle el producto al capitán; este lo invito a almorzar y le dijo : Vicente, cuantos años tienes tu, la respuesta fue: tengo 17 años; el capitán continuo preguntando: y cuáles son tus planes, le dijo; a lo que Vicente respondió: me gustaría estudiar música, hay una buena escuela en Nueva York, pero no tengo los recursos para hacerlo.

El capitán pensativo le planteo una solución: te propongo que viajes 3 años conmigo, al finalizar la travesía, te dejo en Nueva York y te doy el dinero que hayas acumulado en esos 3 años, con ello podrás pagar tus estudios y si no eres derrochador podrás mantenerte un buen tiempo. Está atractiva la idea, pero no tengo ni pasaporte, acoto Vicente; recibiendo por respuesta: no te preocupes que en el primer puerto importante que atraquemos, te saco tu pasaporte, con el que podrás viajar a cualquier sitio del mundo. Habla con tus padres de esa alternativa y diles que yo al pasar nuevamente por Nueva York, les traeré noticias tuyas. 

Gracias Capitán, voy a hablar con ellos, dijo Vicente. Bajo corriendo las escaleras, desamarro el bote, y con unas cuantas remadas llego al puerto, amarro el bote y se dirigió rápido a la casa. Los padres estaban en la sobremesa del almuerzo, cuando llego Vicente diciendo: hola, estaba llevándole los pejesapos al capitán, me dijo que trabajara por 3 años en el barco y al cumplir el plazo, me dejaba en Nueva York y me daba el dinero acumulado en esos 3 años; para inscribirme en la escuela de música y que si no malgasto el dinero, me alcanzara para mantenerme un buen tiempo. El primer impulso de la madre fue pensar: y nos vas a dejar solos, pero, pensando que ya era un hombre, que algún día volaría con sus propias alas, y le dijo: no te olvides de escribirnos y mantenernos informados de cómo te ira por allá; el padre, por su lado, opino: mejor te vas a probar suerte por allá, porque aquí no vivimos mal, pero de estudios, esto está muy atrasado. Vicente, emocionado, beso a los dos, agradeciéndoles su comprensión.

Vicente se vistió con un pantalón de lona de esos que usan en las islas para trabajar y una franela listada. En una mano cargaba: un morral con un desorden de ropa, en la otra su infaltable guitarra; después de despedirse de su madre, esta le dio un beso y la bendición. Se monto con su padre en el bote y comenzó a remar, al llegar al barco, ambos se subieron. El capitán, saludo a su padre, diciéndole: ya comenzara a buscar su futuro; yo, cuando pase por allá, me acerco a la escuela de música para traerles noticias. Pronto arrancaremos, informo el capitán. 

El padre les deseo mucha suerte, se despidió de mano del capitán, le dio un abrazo apretado al hijo, bajo los escaleras y se monto en el bote para iniciar el retorno; por el camino, repentinamente, dejaba de remar para echar un lagrimón, pero luego seguía adelante para llegar a su objetivo.

Vicente, fue aprendiendo las labores más características de un barco, desde aseador, mantenimiento eléctrico, cuarto de maquinas, ayudante de cocina, timonel, hasta atracar en un puerto. También sintió los quejidos y vaivenes del barco en tiempos de tormenta, igualmente se perdió en algún puerto con otros marineros, que buscaban distracción y compañía en algún prostíbulo callejero. En los pocos ratos libres, que tenía en el barco, entretenía a la tripulación con sus solos de guitarra.

Transcurridos los 3 años, el barco se fue acercando a los muelles de Nueva York, el barco caletero, parecía de juguete al lado de los grandes transatlánticos de pasajeros. Después de depositar una carga que traía, mando a llamar a Vicente diciéndole: ya eres un hombre, de aquí en adelante, te manejaras por tus propias decisiones, respeta para que te respeten, no juzgues a nadie por su apariencia, observa y piensa antes de hablar superficialidades, si prometes algo, debes cumplirlo; además, no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Por último, no te olvides nunca de donde viniste, por lo que debes escribir a tus padres

A continuación abrió una caja fuerte y le entrego 8.000 dólares, esto representa 3 años de trabajo, de modo que no puedes gastarlo en poco tiempo, debes ahorrar y así tendrás para el futuro. Después de escuchar aquellos consejos, Vicente le agradeció que le hubiera abierto las puertas para una mejor educación, y le dijo que no fallaría. A continuación se despidieron dándose un buen abrazo.

A los 5 días, Vicente había alquilado una buena habitación, a un precio muy barato, con cama, baño y un derecho a cocinar, quedaba cerca de la 5ª Avenida, más al norte del centro del comercio. Era en el octavo piso, de un edificio relativamente antiguo, que había pertenecido a una fábrica de automóviles.

A las 3 semanas Vicente ya estaba inscrito en la escuela de música, sus compañeros tenían más aspecto de artistas que de doctos músicos. En efecto, muchos no tenían recursos económicos y se defendían tocando música en bares y clubs nocturnos.

Las primeras clases eran de la escala musical, solfeo y acordes, a los 3 años cada alumno debía escoger un instrumento específico, con el que se especializaría, hasta su graduación; a saber, podía ser: violín, flauta recta o traversa, contrabajo, clarinete, trompeta, guitarra, piano y los instrumentos de percusión.

Vicente cantaba y siguió tocando la guitarra. Participo en varios grupos musicales, la mayoría eran grupos de vanguardia que mezclaban con mucha originalidad, el rock con ritmos tropicales, donde incorporaban el tambor y la flauta. Era tal el éxito, que las grandes disqueras los llamaban para grabar sus temas musicales. Recibían muchas invitaciones de los teatros de la época, de allí surgieron giras dentro y fuera del país. Así Vicente conoció los EEUU. Desde Nueva York hasta California y desde Florida hasta la frontera con Canadá.

En el extranjero tuvieron giras por España, Francia, Alemania, Inglaterra, también Japón y Rusia. De África solo estuvieron en Túnez, Argelia y Marruecos.

Resumiendo, nuestro héroe, estuvo 3 años trabajando en el barco, 4 años estudiando y 3 años en giras nacionales e internacionales. Esta carrera ascendente, le aporto abundantes recursos económicos, hasta llego a comprarse una mansión en uno de los más prestigiosos campos de Nueva York. Le iba bien y ganaba mucho dinero, incluso ayudaba a sus amigos necesitados, pero después de estar 10 años lejos de su casa, le vino una profunda nostalgia, por su familia, por su isla, por sus amistades, por el pescado?y aunque su nombre ya estaba en los avisos de neón, se dijo: voy a detener esta carrera desenfrenada, iré a ver a mis padres y los invitare a vivir a Nueva York. 

Parecía una proposición racional, pero los deseos de volver se hacían cada vez más urgentes. Era una fuerza que lo arrastraba al terruño, más fuerte, que los deseos de seguir triunfando. Por ello, decidió tomar un avión hasta Cuba y de allí, seguir en los barquitos de pasajeros que van caleteando por todas las islas. A las 8 de la mañana, nuestro hombre se embarco en el avión, llegando a La Habana, Cuba, alrededor del mediodía, allí se trasladó al puerto de Mariel y a la media hora, ya estaba embarcado en el barquito caletero. Arriba de la embarcación, comenzó a ver caras conocidas, el capitán al verlo, le dijo: tú no eres el hijo de Mocambo? Si contesto Vicente, es que llevo varios años fuera de estas tierras, ellos están bien, dijo el capitán. A juzgar por las ropas, le ha ido bien por esos lados; no me puedo quejar, contesto Vicente, A continuación le sirvió un café y mientras se lo tomaba, avisó por radio diciendo: el hijo de Mocambo viene en camino, de modo que por cada isla que pasaban, lo saludaban, lo abrazaban y lo felicitaban por sus éxitos musicales, identificándose con su triunfo. Vicente se sentía pleno, con tanto cariño y popularidad.

Al llegar a su isla, había un gentío esperándolo. El barco atraco en el puerto. El agradeció y se despidió del capitán. A continuación se bajo, con su pinta deportiva y elegante, con una maleta pequeña y su guitarra, el saludaba a todo el mundo conocido, el avanzaba en medio de la multitud, pero no veía por ningún lado a sus padres. De repente en medio de un rincón estaba su padre, su madre y junto a ellos su maestra. El giro sobre sí mismo y de dos brincos llego donde estaban ellos, allí abrazo a los tres.

Eran casi las 5 de la tarde, la madre le dijo, nos avisaron por radio que venias, así que te prepare tu comida favorita, tu padre consiguió aquel pescado que te gusta tanto, el morocoto. Yo hice un guiso y la maestra me ayudo con las ensaladas.

Llegaron a la casa, a pesar de que habían pasado diez años, todo parecía estar en su lugar, tan semejante a como el lo había dejado, la cocina igual, la mesa del comedor estaba como en tiempo de alguna fiesta, toda decorada con manjares de diferentes sabores, la sala parecida?

Mientras el padre y la madre calentaban la comida, Vicente y la maestra conversaban en la sala. A las 6 de la tarde comenzaron la comida, de primera hicieron un brindis con vino, por volver a reunirse todos. Primero comieron una ensalada de lechuga, acompañada de mariscos, con mayonesa, luego el morocoto con arroz, con palitos de cebollín, con salsa de mostaza; de contorno, cebollas sofritas, palmito y papas duquesa. La comida estaba muy sabrosa y abundante, acompañada de aquel buen vino blanco; todos estaban satisfechos y contentos.

A las 8, los padres se retiraron, Vicente tomo de la mano a la maestra y la invito a ver el atardecer en la terraza en la parte de atrás de la casa, allí comenzaron a recordarse de las clases, la maestra le comentaba de la suerte de los amigos en la isla, los personajes ya muertos, Vicente le comentaba de las aventuras en el barco, como en Nueva York y otros sitios en el extranjero. Fue una conversación interminable, donde cada uno quería contarle al otro, lo que le viniera a la mente. Ya bien entrada la noche, se fueron a dormir juntos, como un premio a ese encuentro tan fabuloso.

A las 9 de la mañana, los llamaron a desayunar, mientras tomaban desayuno Vicente le propuso a los padres irse para Nueva York, allí no tendrán que trabajar, ni mama llenarse las botas de barro para alimentar los cerdos en el pantano, ya Uds. Han trabajado bastante, ahora les toca llevar una vida más descansada, Papa no tendrá que internarse tanto en el mar, para buscar la pesca, el mar siempre tiene sus riesgos. Allá no les faltara nada.

La primera en responder fue la madre, diciendo: hijo, la vida de nosotros es aquí, haciendo las labores que estamos acostumbrados, esta es nuestra isla y nuestra patria. Para mí no es humillante darles comida a los cerdos, que después serán la comida de nosotros. Allá en Nueva York nada es nuestro, la vida de nosotros es saber hacer lo que hacemos aquí, allá tuviéramos que aprender a hacer lo de allá y ya estamos viejos para aprender?

El segundo en responder fue el padre, quien dijo: hijo, nosotros fuimos secuestrados en África por navegantes portugueses, que nos llevaron a Inglaterra, donde nos vendieron como esclavos. En el puerto de Liverpool fuimos comprados por unos comerciantes franceses, que nos trajeron a esta isla para producir caña de azúcar, nosotros éramos parte del inventario de la plantación, no éramos seres humanos, nos hacían dormir apiñados en galpones, el que reclamaba por el maltrato, le daban latigazos o lo metían al calabozo. 

Las mujeres debían soportar el asedio de los capataces; vivíamos en una lucha permanente con los patrones o sus representantes, después faltaba la comida, por lo que tuvimos que salir a cazar animales del monte; después cuando los patrones no vinieron mas, nos escapamos a las montañas, allí fue donde conocí a tu madre. Posteriormente los capataces se fueron y se formaron centros poblados, tuvimos que organizarnos para vivir, en un principio era agricultura y pesca, hoy tenemos nuestro propio mercado, hay mucho comercio con otras islas, incluso tenemos una cooperativa que da créditos, y la isla como país está funcionando, estamos en paz y no nos falta la comida, todos los habitantes somos responsables del futuro de la isla, por esto, no podemos abandonarla, sería como una traición.

Con esos argumentos tan poderosos, Vicente tuvo que desechar esa alternativa; después de pensar un poco la situación, decidió quedarse a apoyar a sus padres y a la isla, la segunda decisión fue proponerle matrimonio a la maestra, quien lo quería y lo acepto sin condiciones.

** Ingeniero forestal y profesor universitário
 Crédito pintura - Islandstudio.com                                                                                                             



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