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Distracciones - Laura Irene Ramirez Gandía

08/07/2020




Por Laura Irene Ramirez Gandía **

Cuando surge la certeza que predispone para la acción, es que ha llegado el momento.

Eso era lo que pensaba Antonio, estoy seguro, lo conozco

-"Ay Clarita! ha llegado el día, ¿por qué habría de rechazar mi declaración de amor? Nos hemos estado viendo durante un año y siempre ha aceptado complacida mis invitaciones y atenciones ¿Qué puede salir mal? Usted es soltera, no tiene otro pretendiente. Su familia siempre me ha recibido y agasajado amablemente; hasta la tía cascarrabias vino una vez a abrirme la puerta. Por otro lado Clarita, usted ya ha vivido lo suficiente como para pensar en formalizar. Todavía es bella y graciosa, pero no tan fresca.?"

Mientras se acercaba la hora del encuentro iba ultimando detalles, había que verlo.

Había practicado tantas veces lo que iba a decirle debajo de la ducha, que ni siquiera se daba cuenta que no había terminado de enjuagarse, todavía le quedaba jabón en las orejas.

- "A ver repasemos, mi traje está impecable; mis zapatos, relucientes; la camisa almidonada; las medias grises y el moño azul a pintitas rojas que acabo de comprar".

Se vistió de punta en blanco, parecía un dandy de los 30, ¿me explico? Se sentía bien, parecía seguro.

- "Será un día inolvidable para los dos Clarita"-

Se miró al espejo, se peinó los bigotes con esmero y se perfumó con la Franco, estaba casi listo.

- "Ay! los ojos rojos por el insomnio, me voy a poner colirio, quiero que mi mirada parezca lo más pura posible, como si hubiera vuelto a nacer al hablarle". ¿el chaleco y la bragueta están bien abotonados? perfecto.

Agarró el pañuelo, la billetera y las llaves y cerró la puerta, y como siempre, la volvió a abrir. Tranquilo, no te olvidas de nada Antonio

 "Bien, que extraño pensar que cuando vuelva a este universo ya no será lo mismo para mí".

Bajó los dos pisos por esta escalera peligrosa, con escalones de mármol blanco resbaloso, que de vez en cuando limpios parecen engrasados, y salió.

La tarde estaba fresca, se sentía el perfume embriagador de la primavera en el aire, ya estaba llegando a la florería.

En la esquina compró un ramo de rosas rojas, de la pasión para encenderla.

Caminó dos cuadras. La gente le sonreía al pasar. Yo sé por qué, pero no lo voy a decir ahora.

-"¿qué pasa? hoy todos me saludan diferente, debe ser cierto eso que dicen que se nota en la mirada lo que uno tiene en la mente y en el corazón"- 

Se tomó un taxi para llegar quince minutos antes, siempre hace lo mismo, veía que se le estaba haciendo tarde. El chofer le sonreía a través del espejito mientras lo llevaba, já!

-"Mientras la espero no voy a tomar el cafecito de costumbre, a ver si todavía se me cae la maldita gota de siempre en la camisa"-

Estaba ahí parado en la esquina. Impaciente.

-"Ella, tan coqueta, ¡cómo le gusta hacerme esperar! ya pasaron más de diez minutos de la hora; y sí, cosas de mujeres, le encanta hacerse esperar."-

Cuando ella lo vio, desde media cuadra, se le dibujó la sonrisa, que se le iba haciendo carcajada a medida que se le acercaba.

-"Ella también se ha esmerado hoy, se la ve radiante, debe intuir algo."-

-"Clarita que hermosa y feliz se la ve hoy!"-

Ella no le dio un beso como siempre, le dio la mano.

-"Ay Antonio, no sé como decirle"-

-"¿Clarita, qué le pasa?"-

-"no sé como decirle Antonio"-

-"¿Qué? ¿Entramos a la confitería, Clarita?"-

La quiso agarrar del hombro pero ella insistía con su "no sé como decirle Antonio"

Entonces lo miró a los ojos y le acarició tiernamente la cabeza sacándole con mucho disimulo la redecilla gris que usaba siempre para que sus rulos no se volvieran melena de león - a él le temblaron las piernas con ese gesto- tiró la redecilla al piso sin que se notara y se tomó de su brazo.

-"no sé como decirle Antonio ¿entramos?"

Y Antonio nunca se enteró.

Crédito de la pintura -  Red Roses - Paul Wolber
** Laura Irene Ramirez Gandía: artista plástica, astróloga y docente. 



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