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El café de Erminda - (Cuento) - Rainer Pimstein

28/02/2026 00:00




El café de Erminda 

Rainer Pimstein **

En un campo entre una laguna ciénaga, unos arboles frondosos y una pradera, había un rincón donde los caminos se perdían, estaba al alcance de todos, pero era tan grande la confusión de la Naturaleza,que los que buscaban el sitio, no lo encontraban, mientras aquellos que andaban perdidos, de repente,aparecían en el sitio...

En ese lugar vivía una mujer sola. Era una mujer fuerte. no le tenia temor a nada.Con ayuda de otros lugareños, habia construido su propia vivienda.

Su casa era austera, tenia 2 habitaciones, en una estaba su cama, que era un marco de madera con tablas atravesadas, sobre las que descansaba un colchón hecho de paja y una cobija para protegerse del viento frio que se colaba por algunas rendijas. La otra habitación era la cocina comedor, donde había unfogón de leña y 3 ollas colgadas de unos alambres ennegrecidos amarrados a una viga del techo. Mas separada, había una mesa de construcción artesanal, donde comía y tomaba café.

Para lavar su ropa, traía agua del rio en un envase plástico de 20 lts, la derramaba en su artesa de madera y después de remojar la ropa en jabón azul, la fregaba con un cepillo bien gastado. Después la remojaba y luego la colgaba en una cuerda al sol. Para el agua de tomar, tenía una olla permanentemente hirviendo en el fogón, después la enfriaba en una vasija de barro. Ella era una mujer completamente independiente, tenía un pequeño conuco donde sembraba plátanos y cambures, café, culantro y ají dulce, maíz y apio de papa.

Para completar su dieta, iba algunas tardes al rio a pescar y nunca le faltaba aquel pescado gris de bigotes que vive en el fango y que llaman ?moreno?. Ella no tenia compañia, en su rancho solo se escuchaba el canto de los pájaros. A veces les dejaba migas de pan para escuchar sus algarabías.

Sus herramientas más preciadas eran el hacha, el machete y la escardilla. El hacha era para cortar la leña, que era abundante por esos lados. El machete era para mantener limpio el conuco y para despejar los alrededores de la casa, a fin de evitar animalitos como: culebras, cachicamos o roedores. La otra herramienta era la escardilla que la mantenía afilada y la utilizaba básicamente para sembrar,
cosechar o platonear una mata.

A un costado de la casa tenía 2 piedras, una era para afilar el machete y los cuchillos, la otra era una fuente con una mano cilíndrica para moler el maíz. De vez en cuando iba al pueblo en el autobús, para traer algo muy necesario, como agujas, hilo, algún líquido desinfectante, aceite y sal. Ella a pesar de su carácter rustico, había convivido con algunos hombres, pero no quería depender de ellos y prefería gobernarse a sí misma y cultivar sus propias flores.

Una tarde, en sus actividades hogareñas, sintió una presión en los pechos. No le dio mayor importancia y continuo sus labores. Sin embargo a medida que pasaba el tiempo, la presión en vez de disminuir, aumentaba. Luego sintió dolor, y pensó: si no paro esto, esto acabara conmigo. Una mañana, armada de una fuerte decisión, afilo el cuchillo de cortar el pescado, lo afilo de tal forma que era capaz de cortar el aire y en una acción de valentía se corto los senos, saliendo violentamente de ellos un líquido nauseabundo. Con toda la fuerza de sus manos se apretó los senos hasta eliminar la última gota de aquel líquido. Luego se lavo con jabón azul, se aplico yodo y ella misma con aguja e hilo cerro las heridas.

Con el tiempo y sus propios cuidados, las heridas cicatrizaron y se incorporo a sus actividades normales.

A las 3 de la tarde de un día bastante soleado, un profesor de botánica de la Universidad, sin mayores conocimientos geográficos del lugar, apareció en el sitio, sofocado por el calor, con 20 alumnos detras,
recolectando plantas para el herbario de la Institución. Acercándose a la casa, el profesor toco la puerta, apareciendo la dueña de casa, a quien el profesor solicito: será posible un poco de agua para los alumnos; si, como no, contesto la mujer, trayendo una bandeja con pocillos de agua, diciendo: tómense esa, que luego les traigo más, porque no tengo más pocillos.

Mientras tanto, el profesor le contaba que la laguna ciénaga no estaba en los mapas y por eso, se habían perdido. La mujer atenta, le dijo: es que esta laguna es un antiguo brazo del rio, que después cambio su cauce, dejándonos este regalo.Entre una cosa y otra, algunos alumnos le preguntaban el nombre de algunas especies que habían recolectado, otros preguntaban por la geografía del lugar. La mujer amablemente respondía las
preguntas de los estudiantes, creándose una atmosfera de amistad y colaboración con el grupo. En un momento era tan intensa y relajada la compenetración, que a la mujer le pareció que todos los estudiantes eran hijos de ella, y resolvió: mientras les contesto las preguntas, les preparare un poco de café; quieren, pregunto. 

A los estudiantes les pareció un excesivo compromiso para un grupo tan grande, pero para no hacerle un desaire, además ella mostraba deseos de ayudarlos a identificar las plantas, los estudiantes en grupo, le contestaron que sí. Al instante, la mujer deposito la olla con agua en el fogón, le puso más leña al fuego, soplo un poco las brasas, surgiendo abundantes llamas para hervir el agua del café; luego lavo la media del café, la instalo en su sitio, la lleno de café y azúcar y mientras esperaba el agua seguía respondiendo preguntas. A los 15 minutos, el café estuvo listo.
Los estudiantes al saborear el aromático brebaje, sintieron que el calor se les desprendía del cuerpo, sintiendo mucho alivio y comentando que nunca habian tomado un café asi; al momento, armaron una ronda alrededor del profesor y la mujer, y agradeciéndoles, le cantaron el himno de la Universidad.

** Rainer Pimstein - Ingeniero forestal, catedrático.
*  Pintura Mujer y café -Crédito: Pinterest.es


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