Poemas
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08/04/2026 00:00

No hay engaño
Rainer Pimstein **
En un pueblo retirado de los Andes, vivían criollos e hijos de españoles y tanto unos como otros defendían la plaza del pueblo, si venían los españoles realistas, los hijos de los españoles se atrincheraban en la plaza para apoyarlos, si triunfaban los españoles, hacían fiesta, los soldados bailaban con las mujeres del pueblo, y al día siguiente nada había pasado. Si ganaban los criollos, también había fiesta, se repartía comida para los fieles batalladores, se bebía aguardiente, al final se mezclaban amigos y enemigos, disfrutando la fiesta pero reconociendo el triunfo del ganador.
Las mujeres festejaban a los vencedores, como consolaban a los vencidos. Era la guerra de la independencia, luego la guerra federal, luego las guerras de los caudillos contra los dictadores, y las mujeres cumplían un papel estelar, atendiendo a esos desarrapados soldados, que habían abrazado una causa...
Después de 400 años, cada caserío arrastra una historia, tan antigua como los faroles y ventanas que decoran la calle principal. Como el caserío estaba muy retirado de la civilización se fue concentrando en si mismo, siempre existían centros de poder como la policía, la iglesia y las mujeres; que eran más que los hombres. Así un campesino podía tener su esposa y dos amantes, porque así lo exigía la estadística. Las esposas sabían que esto era así, lo aceptaban y con el mismo derecho engañaban a sus maridos. De modo que en éste caserío se justificaba aquel dicho popular que afirma que "Lo que es igual, no es
trampa". Aquí nadie se escapaba, ni nadie se preocupaba porque las cosas fueran como eran... más bien era un caserío donde todos vivían felices.
El cura, daba sus sermones, pero no tenía autoridad porque estaba metido en el mismo saco del caserío.Los problemas venían cuando los hombres sentían vulnerado su sentido de propiedad. Allí surgían las peleas, los escándalos, la policía los llevaba presos, pero no pasaba de ser otra historia más, porque el caserío seguía su rumbo tradicional. El problema era cuando alguno de los afectados, hombre o mujer, se molestaba y empezaba a mostrar los trapitos al sol, poniendo al descubierto a los personajes más influyentes del caserío, los cuales por el mismo delito, nunca habían caído presos.
Las mujeres mientras lavaban la ropa en el río se contaban todas las aventuras amorosas de todos los habitantes del caserío y nunca alcanzaban a nombrarlos a todos, porque al lavado siguiente, aparecían nuevos casos.
La gente del caserío era pacífica, reconocía que existía cierto grado de libertad, incluso aceptaban los regaños del cura en misa, pero rechazaban la degradación de las personas del caserío, rechazaban el
desprestigio, la mala intención, el mostrar las personas como pecadoras delante del pueblo. A veces se inventaban amores para poner una nota jocosa a una persona que llevaba una vida normal dentro de
los cánones del caserío.
El ocio, a veces fomentaba el chisme y la mala palabra. Por ello las mujeres decidieron dar difusión a las noticias, pero en una forma saludable. Después de una breve discusión, decidieron, más bien, sembrar la
confusión en el pueblo. Así, convirtieron al loquito del pueblo en un excelente periodista, quien repetía los chismes verdaderos como los falsos, por todo el pueblo, la única obligación de cada casa donde llegaba el reportero, era atenderlo con un pan, un te, un jugo, comida, etc....así se aseguraban que nunca abandonaría su nueva profesión.
Así surgieron las parejas más inverosímiles, ejemplos de ello eran:
El cura con Juanita aspavientos;
El escribiente con Anita sin rumbo;
Puente cortado con María Claridad;
El Capitán de Policía con Irene, la que vivía con Claudio;
Caballo sordo con Leontina y Teresa;
Así el pueblo, vivía en una permanente confusión, todos felices, y no hay engaño.
** Rainer Pimstein - Ingeniero forestal, catedrático
* Pueblito de la serranía - Artec
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