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El italiano - (cuento) - Rainer Pimstein

18/07/2026 00:00




El italiano

Rainer Pimstein **

(Homenaje a Francisco Massei. )

En algún sitio de la ?Lombardía ?nació nuestro personaje. Se estima que nació alrededor de 1920. Sus padres eran campesinos pobres, como muchos en la zona, que trabajaban cultivando hortalizas para el
dueño del fundo, recibiendo un salario menguado cada 15 días, el padre decía: debemos tener paciencia, que con el tiempo las cosas se van a arreglar, la madre por el contrario decía: si no luchamos
por lo que queremos, esto nunca se va a arreglar. Los niños se mantenían en las cercanías de la casa, jugando con las ovejas de los vecinos. La madre para protegerlos les tejía gorros de lana, los enviaba a
buscar leña, previniéndolos que no se internaran mucho en el bosque por el peligro del jabalí; ellos corrían saltando las quebradas, dando vueltas y más vueltas para buscar la preciada madera, ya que por
el frío, el fogón permanecía prendido casi todo el día, así la casa de madera se mantenía temperada.

En la región, en tiempos de invierno llovía mucho, muchas veces con tormentas y nieve, Las condiciones de vida eran casi miserables, Italia no había logrado recuperarse después de la 1ª guerra mundial, sobre
todo en los campos más retirados. Los campesinos recibían su salario, invirtiendo el dinero para comprar el arroz, la manteca, los granos, el vino, la harina y el pan, quedando siempre endeudados con
la pulpería. Las condiciones de vida, obligaban a encomendarse a Dios y a todos los santos, de esta forma los campesinos formaban familias profundamente cristianas, además la liturgia religiosa estaba
presente en todos lados, la gente asistía a misa, le rezaban a los muertos, hacían procesiones religiosas; los domingos de aire despejado, las campanadas, se escuchaban a más de 3 Km . La iglesia, la capilla, el
campanario y la cruz, sobresalían entre las neblinas, como un empinado castillo medieval enclavado cerca del cielo, que se veía 360 grados a la redonda, sirviendo como punto de referencia cardinal. ; allí
llegaba todo el pueblo, si no temía ser acusado de rebeldía o herejía.

La madre de éste muchacho participaba en organizaciones campesinas que luchaban por un horario más justo, un tiempo de reposo para las mujeres después de haber dado a luz, condiciones más favorables
para los enfermos del pulmón y más?Después de las reuniones nocturnas, se iban de la mano cantando canciones revolucionarias, a medida que se iban repartiendo cada una a sus casas.
Eran los tiempos de Benito Mussolini, a los escolares los hacían participar en ejercicios paramilitares, algunos curas y partisanos se oponían a las arbitrariedades de la dictadura, el gobierno mostraba su
fuerza con las marchas de los camisas negras, por la ciudad y por el campo.

Mientras tanto nuestro muchacho, ya frisaba los 20 años y debía pagar el servicio militar, porque Italia requería soldados para defender las tierras conquistadas en el norte de África, que corrían el riesgo de
perderse con los afanes de dominio de Francia e Inglaterra. Así se incorporó al ejercito; después de la primera etapa de ejercicios físicos, le enseñaron a usar las armas, eran viejos fusiles Máuser, que habían
sido comprados a crédito en Alemania. Posteriormente le asignaron la especialización como radio operador, allí aprendió de antenas , de electricidad, de receptores, de transmisores, de cables, de
generadores eléctricos, lenguaje en clave?etc.

En efecto después de dos años de preparación, con sus 22 años a cuesta, convertido en un apuesto militar, cargando una mochila, una cantimplora, una navaja corva, una muda de ropa, una pequeña olla
de aluminio, una pistola de repetición y una bandolera de 9 cartuchos de 5 balas cada uno, cruzando su hombro, además un pequeño receptor transmisor de manivela que era como su hijo adoptivo, ya que
donde fuera tenía que cargar con él. En esas condiciones se embarcaron 3.000 huestes militares en la motonave mercante ? Il gran Duce ?, con destino a Somalia, para después arribar a Etiopía. El estaba
dispuesto a defender la patria, pero se daba sus exigencias, para sus ratos libres cargaba una pequeña armónica, con la que entonaba canciones clásicas italianas, como ? O sole mío ?, ? Torna a Sorrento ? y
otras más que le vinieran a la mente.

Su posición frente a la guerra era, si me mandan a matar, disparo?pero su función era el de comunicador más que un soldado recio, dispuesto a descargar todas las balas sobre el enemigo. El debía
ubicar, en el campo de batalla, aquellos sitios favorables y luego transmitir y recibir mensajes. Muchos etíopes, vivientes en un país árido, con exceso de población, donde era normal la sequía y las
hambrunas, veían en la invasión italiana, una posibilidad de mejorar y apoyaron a las autoridades italianas, pero los fascistas estaban más por el poder que da el dominio de los territorios, que por
ayudar a esos países a salir del subdesarrollo.

En un principio, todo marchaba bien en Etiopía con la ocupación italiana, pero después de 2 y 3 años, empezaron a fallar las armas y la comida, los soldados, se vieron obligados a comer ratones que cazaban
en medio de la sequedad de las praderas. Sin embargo no todo era malo, el café era originario de allí y en las tardes de ocio, se podía saborear un buen café. Los fines de semana los soldados, con unos pocos
elementos se fabricaban una radio, entre ellos, una hoja de afeitar, un audífono y un poco de alambre de cobre sacado de un aparato en desuso, así pasaban horas escuchando las emisoras europeas. Se
puede decir que con el tiempo se transformó en una ocupación relajada.

A medida que los alemanes iban perdiendo la guerra, Italia iba perdiendo su poder en las tierras de ocupación, como eran Libia y Etiopía, a la vez los aliados iban fortaleciéndose y como las condiciones de
los soldados eran cada vez peores, Italia que pensaba arrebatar a Francia, el Túnez francés , decidió trasladar las tropas de Etiopía a Libia, Allí se enfrentaron los aliados y los italianos, que, a pesar de
recibir el apoyo de Alemania, con la aviación de Rommel en el frente, perdieron la batalla. Nuestro héroe tuvo una participación importante en las comunicaciones, casi vivía en una caseta bajo tierra
mandándole falsos mensajes a los aliados? pero la suerte estaba echada y 1900 soldados italianos cayeron prisioneros.

Los prisioneros fueron trasladados a diferentes lugares, nuestro héroe fue trasladado a un campamento francés en Túnez. Allí le preguntaron si sabía cocinar, el contestó: hago lo que puedo. La decisión fue: irá
al casino de oficiales; había que servir los platos, lavar ollas, pero la comida estaba segura. Allí había un pianista que interpretaba canciones francesas e internacionales, acompañado por un violinista, un día
que no llegó el violinista y como lo habían escuchado tocar la armónica, le dijeron que acompañara al pianista, lo hizo tan bien que se hizo popular entre sus antiguos enemigos.

Después de la Capitulación, la mayoría de los prisioneros de guerra pudieron retornar a sus países, asi nuestro héroe volvió a Italia, llegando a vivir con unos tíos cerca de Florencia. La vida no estaba fácil
después de la guerra porque el país se encontraba más empobrecido que antes, había muchos trabajadores deambulando sin trabajo; en la plaza del mercado había ollas comunes. A pesar de las
dificultades de la post guerra, el hombre había logrado mantenerse con trabajos temporales como ayudante de albañil, cosechador de uvas, ayudante de cocina, etc.; así transcurrió casi una década.

Corría el año 1954. Un domingo acercándose a la iglesia, vio un papel pegado donde el gobierno venezolano del General Marcos Pérez Jiménez solicitaba inmigrantes para trabajar en las obras públicas
de la República, que incluía carreteras, embalses, vías férreas, edificios?etc.; No pedían mayores requisitos, preferiblemente que tuvieran algún grado de educación, certificado de buena conducta,
deseos de trabajar y pasaporte al día. Los interesados debían presentarse en el Consulado venezolano en Florencia. Con lo caótico de la situación los futuros inmigrantes andaban pidiendo certificados de
buena conducta por todo el pueblo, unos lo pedían en un taller de arte, otros en carnicerías? se supo de un panadero que dio 18 certificados en un día. Los dueños de negocios lo tomaban como una obra de
caridad y a la vez pensaban que si se iban, sería una menor carga para el país, porque ya los desocupados se contaban muchas veces más que con los dedos de las manos y claramente no había
trabajo para todos.

Nuestro héroe se rascó la cabeza pensando: en África comía ratones, aquí, no hay trabajo, Viva América, me voy a Venezuela; así, consiguió con un amigo del ejército, un certificado de buena conducta. Al día
siguiente pasó a engrosar la cola de los posibles inmigrantes, su aspecto era de un hombre fuerte, de buen trato, además con los antecedentes militares, le llenaron la solicitud, lo hicieron firmar y lo
aprobaron como inmigrante, le pusieron la visa en el pasaporte y el respectivo sello, además le extendieron un pasaje en el vapor ?Nova Vita ?que salía en 15 días más del Puerto de Livorno.

Al cumplimiento del plazo establecido, nuestro personaje iba con una maleta de cartón, subiendo las escaleras del ya nombrado barco, la brisa marina intentaba volarle la gorra militar que había heredado
de su aventura bélica; en cubierta le pidieron los papeles, después de confirmar su identidad, le asignaron la cama de abajo de un camarote doble en una pequeña habitación iluminada por una
ventana de ojo de buey. Como los pies le sobresalían de la cama para afuera, los compañeros de cuarto le pusieron por sobrenombre " pies largos" .En la monotonía del viaje por el Océano Atlántico, los pasajeros aprendieron a respetar a Cristóbal Colon. Para pasar las largas horas de tedio, él tocaba la armónica y los compañeros llevaban el ritmo con las manos, otras veces se sentaban en cubierta a vislumbrar un barco en la lejanía. "Pies largos" se hizo amigo del radiotelegrafista del barco, quien le mostraba los equipos y pasaban horas comentando situaciones de la guerra, así iban pasando los días, como un reloj con una cuerda infinita.

A los 35 días, aparecieron las casas coloniales de "La Guaira" como remontando hacia los cerros circundantes. Los pasajeros comprendieron que estaban llegando a destino, en el barco cundía un
alboroto, el capitán ni se inmutaba por haber vivido ésta situación innumerables veces. Cada uno acomodaba su carga, esperando el momento del desembarque, los amigos se escribían direcciones con
lápiz carbón. A la luz del mediodía estaban desembarcando los italianos en el puerto de "La Guaira ". Había a disposición de ellos varios autobuses aportados por el Ministerio de Relaciones Exteriores, todos con
destino a Caràcas. Ellos, incluido nuestro héroe, se ubicaron en los asientos, con las maletas en el pasillo, sujetas por innumerables manos para que no se rodaran. Los italianos trataban de no perderse ningún
detalle del paisaje. El chofer y su ayudante iban conversando, con el radio a buen volumen, llevando el ritmo con las manos. 

Al pasar por el puente del barranco, se escuchó un prolongado suspiro y las
miradas sorprendidas de cada uno de ellos. Luego de un viaje de 1 hora, llegaron a Caracas, mientras se definía la situación, fueron ubicados en el Fuerte Tiuna; allí les dieron comida en el "Rancho" y les
asignaron una cama en la "Cuadra", despachos utilizados normalmente por los soldados. Allí se estuvieron hasta que fueron trasladados hasta la principal ciudad cercana al sitio de la obra. Algunos se
quedaron en Caracas, a aquellos que iban a trabajar en las represas los trasladaron a Guanare y Acarigua; a él lo enviaron a la ciudad de Boconò para trabajar en una nueva carretera, en el Estado
Trujillo.

Eran tiempos de guerrilla en Venezuela, la imagen era la de un país con muchos recursos, con buenos ingresos por la exportación de petróleo, sin embargo el pueblo vivía en pobreza en los campos o en los
cerros de Caràcas, mientras los políticos vivían una vida de reyes a expensas del Estado, haciendo fiestas donde se consumían las mejores comidas y corría el whiskey y el champagne, los periodistas allegados al
gobierno decían que todo estaba bien, mientras tanto las compañías extranjeras se llevaban el petróleo muy barato y pagando un mínimo impuesto. Muchos estudiantes y campesinos, viendo que la oligarquía
y los partidos políticos tradicionales se habían entronizado en el poder, y bajo el ejemplo de lo ocurrido en Cuba, la única solución que vislumbraban era: tomar el fusil, irse a la montaña y desde allí ir logrando
triunfos hasta sacar a los usurpadores del bienestar del pueblo.

El Estado Trujillo era montañoso, con conexiones estratégicas con otros estados, había inquietud política y se formaron muchos líderes guerrilleros. La guerrilla se hizo fuerte en las montañas de los estados
Trujillo, Lara, Falcón, Portuguesa y también existió guerrilla urbana en esos mismos estados y en Caracas. A su vez el gobierno contrarrestaba con acciones del Ejército y la Policía política. Era una guerra
abierta y a la vez silenciosa. Hubo muchos, hombres de trabajo, del campo y la ciudad, que con el afán de acabar con los políticos parásitos, apoyaron a la guerrilla. Esa época le tocó vivirla a nuestro personaje, él no se metía en la política que se desarrollaba en Trujillo, pero sentimentalmente estaba con los pobres y campesinos. 

Una vez visitando una novia que tenía en un campo, se percibía un aire sospechoso, los hermanos de la novia estaban metidos en la guerrilla, le dijeron, Ud. no sabe nada de lo que escuche y vea por aquí. De noche se desarrolló una reunión en la vivienda, alrededor de la mesa habrían 10 personas barbudas y de sombrero conspirando contra el gobierno, A las 12 de la noche se acercaron unos vehículos inesperados, a un chiflido de la vigilancia, todo el mundo se dispersó. La Policía Política solo consiguió a las mujeres de la casa durmiendo después de revisar la casa y no encontrar nada, los agentes se retiraron. A las 3 de la mañana, la casa se
activó , encendieron un mechurrio de kerosene, pusieron unas arepas, una coladora de café sobre la mesa y comenzaron a llegar los comensales, al rato se reunió la mayoría, solo faltaba uno que estaba
escondido detrás del tanque de agua del entretecho, cuando apareció, la luz titilante en su momento más intenso le iluminó la cara, permitiendo identificarlo, era nada más y nada menos que un conspicuo
dirigente de la revolución cubana.

Nuestro hombre no era un pícaro conquistador de mujeres, sin embargo por su pinta de extranjero y su buen trato, tuvo varias novias y hasta puede que haya algún descendiente de él en uno de esos campos.
La suerte lo favoreció porque se puso a trabajar en una compañía de gas licuado, le tocó hacer muchas instalaciones en todo el estado Trujillo, los jefes al verlo que hacía bien su trabajo, le dieron una de las
concesiones para la venta de gas en dicho estado. Como era un hombre trabajador, le fue bien, hizo algo de dinero, se puso más responsable, casándose y comprándose un camión para la distribución del
gas. Con su esposa tuvo 4 hijos, 2 mujeres y 2 hombres. Trabajó alrededor de 10 años en dicha actividad. Durante ese período de trabajo le vendía el gas a otro distribuidor, quien después dijo que era
un empleado de él y que le debía mucho dinero por los años que supuestamente trabajó con él. Con éste problema, el hombre se decepcionó mucho, él lo que quería era libertad de trabajo y no litigios con
abogados, de todos modos presentó su defensa a los tribunales, los cuales varios años después le dieron la razón. De todas maneras, el hombre dejó el trabajo y decidió trasladarse a la ciudad de Mérida.

En esta nueva ciudad, compró un terreno grande entre una chivera y un barranco, pero como no le alcanzaba para la construcción de la casa, se puso a trabajar como contratista para la instalación de
alcantarillado en la ciudad de Ejido, más o menos a 10 Km de Mérida. Con los ingresos que obtenía, iba comprando cabillas y cemento. Los fines de semana iba avanzando en la construcción. Como no tenía
todos los materiales necesarios, salía a recorrer las calles de Mérida y siempre conseguía algo de utilidad como tablas, tubos, pedazos de cabillas, láminas metálicas, escombros? que los utilizaba como relleno o
para levantar un muro o columna.

Después de un año de paciente trabajo, levantó un castillo de 3 pisos, con habitaciones para su familia y algunos cuartos para alquilar a estudiantes. En el segundo piso dejo un espacio amplio con estanterías,
para su taller de instalaciones. Con la construcción terminada o en condiciones aceptables, se trajo a la familia y todos los hierros que tenía en Trujillo. Los hierros incluían tuberías de varios diámetros, codos
niples, uniones, clavos, tornillos, llaves de agua, de gas, todo tipo de herramientas?etc.; que eran parte de su mundo, fabricado con las manos, a su antojo. En dos oportunidades viajó a Italia con su hijo mayor, que lo ayudó a conseguir la pensión, por haber participado en la guerra. También visitaron a algunos parientes. Estos viajes le dieron la dimensión y el contraste entre lo que había dejado y el nuevo mundo que había encontrado, fue una lucha entre la nostalgia y la esperanza.

Desgraciadamente, su vida comenzó a llenarse de sucesos trágicos, con los cuales su mundo comenzó a  achicarse y su vida comenzó a no tener sentido. En una ocasión, su hijo mayor, que era piloto, sufrió, al
despegar, los efectos de un viento extraño, que volteó el avión cayendo e incendiándose, causándole la muerte, sin oportunidad de salvación. Lamentablemente, 1 ½ año después, falleció su esposa de una
afección cardíaca, los vecinos, decían que no había podido soportar el sufrimiento por la muerte del hijo.

Con los años, el había visto que su esfuerzo, no había sido suficientemente agradecido, a veces levantaba los brazos al cielo, como diciendo: que he hecho yo para que me trates así?Estas cosas lo
pusieron huraño y vivía enrabiado. A relativa distancia de la parte trasera de su vivienda había un hotel, donde, casi todos los fines de semana se hacían fiestas, con música a alto volumen hasta altas horas de
la madrugada, que no dejaban dormir a los vecinos y nadie respondía por ello. Una noche que eso ocurría, de repente los cables de alta tensión que alimentaban al hotel, se llenaron de luces, el Hotel se
quedó a oscuras, se apagó la música y se acabó la fiesta. Al día siguiente, los vecinos comentaban: sería que el italiano le tiró unas cabillas a los cables de alta tensión, nunca se supo el autor de esa acción pero
de allí en adelante los vecinos pudieron dormir más horas los fines de semana.         

A pesar de su carácter ensombrecido por lo acaecido en su familia, el era bondadoso con sus amigos, los invitaba a conversar, les brindaba un poco de vino, incluso a veces el mismo preparaba una pizza y les
servía, de buen ánimo, disfrutando de la velada y si se acordaba de tiempos pasados, buscaba la armónica y tocaba alegres canciones, que lo trasladaban a la época del recuerdo. En una ocasión uno
de sus amigos que era un plomero aficionado, estaba instalando un calentador eléctrico en un edificio de apartamentos cercano, él hizo bien la instalación pero el muro donde se había fijado el calentador
estaba humedecido y con el peso del agua al interior del calentador, se desprendió un pedazo de muro, quedando el calentador en el aire solo sujeto por las tuberías de cobre del agua caliente y fría.

El amigo al ver el portillo que había quedado en el muro, bajo la mirada vigilante de la propietaria, no sabía que decisión tomar, afortunadamente se acordó de su amigo cercano y después de drenar el
agua del calentador dijo, ya vengo, le voy a pedir consejo a un amigo, allí buscó al italiano, quien rápidamente se acercó a ver el problema; en pocos minutos dijo: ya tengo la solución, salió hacia su
casa y después de un breve plazo, llegó con un taco de madera ,una porra y un machete, adaptó el taco de madera al hueco y con unos porrazos lo dejó sólidamente ubicado en el sitio, en esas
condiciones se pudo fijar bien el calentador y se acabó el problema.

A pesar de que el hombre tenía plena conciencia de que estaba atravesando la década entre los 70 y los 80 años, nunca le faltaban ganas para trabajar, muchas veces tenía que reparar cualquier
desperfecto en las tuberías del lavadero de la casa, esto era problemático, porque el había hecho la instalación por etapas y para cumplir cada etapa, sacaba la aducción de la etapa anterior?de modo
que al terminar la ultima etapa, lo que había quedado era un laberinto de tuberías, que solo él sabía como iban. Pero lo que le preocupaba no era tanto la edad, sino que si se moría, se perdería la pensión
que le daba el gobierno italiano, la única forma era de que, arreglando los papeles, se casara nuevamente o demostrara que vivía en concubinato con otra mujer, quien dejaría una parte para ella y
le entregaría el resto a los otros integrantes de la familia; siendo un trato económico más que sentimental. El hizo la prueba con varias mujeres que aceptaron el trato, pero él se olvidaba que el trato
era sin tocar y de vez en cuando les daba un pellizco y quería avanzar más allá, lo que estaba fuera del contrato y las mujeres se le iban. Aunque no era un creyente en la reencarnación, tenía un perro que, por más de 15 años, lo acompañaba a todas partes; repentinamente el perro se murió; con pesar, tomó una pala y abrió un hueco en el
jardín, en la parte de arriba, sembró un arbolito, diciendo: aquí seguirá viviendo mi amigo "delfìn".

En la parte alta del castillo que él había construido, había hecho una especie de torreón, donde se quedaba unos buenos ratos mirando el cielo, como buscando un lucero perdido. Era uno de sus lugares
preferidos, donde aparentemente oraba antes de acostarse a dormir, desde el pasillo se observaba su cama y por el costado del fondo un baúl, que era donde guardaba la armónica y todos sus recuerdos,
entre ellos viejas fotografías que rara vez mostraba a los amigos, objetos antiguos como monedas y relojes, la colección completa de revistas de la segunda guerra mundial, cartas y documentos personales
y posiblemente algún juguete reservado para algún nieto?El otro lugar de preferencia, era su taller, donde conseguía cualquier material que le permitía resolver los problemas del castillo, por ejemplo, pedazos de 
tripa de moto, pedazos de cuero, tornillos, arandelas, latas, alambres, cables eléctricos, viejos transformadores, timbres de campanilla, elementos de plomería, lámparas, bombillos incandescentes de mercurio, tubos fluorescentes, interruptores, pocetas, tanques y repuestos de  poceta , todo tipo de herramientas, cuchillos de sierra maderera con mango de tubo de cobre, tuercas, llaves, válvulas y un sinnúmero de artefactos raros que, él que no ha estado metido en eso, no sabe para que sirven, y puede pensar que están de más. 

Sin embargo puede que un elemento pase 5 años sin ocuparse, pero a los días se ocupe y solucione un gran problema. El era un partidario del reciclaje, para él todo era reparable, si encontraba un calentador de agua a gas, en la basura, lo recogía y sabía que de algo le iba a servir. Reparar era un desafío para él, y el éxito logrado en la reparación, reafirmaba el avance que había tenido desde su infancia en su nativa Italia, hasta los tiempos actuales en los que, con sentido práctico, dominaba muchos campos. Así su persona y sus hierros eran parte de su mismo mundo. Pero todo no se da como uno quisiera, a veces los intereses individuales se topan con las aspiraciones de otros; un día estando él ausente, le desparramaron el taller y le botaron todos los hierros, además de otras, ésta fue una de las causas por las cuales adquirió una rabia tan grande, que no se hallaba,parecía que echaba chispas hasta por las orejas, hasta que le dio un accidente cerebro vascular, quedando activa su parte vegetativa y olvidada gran parte de su existencia anterior.

Así vivió un tiempo breve, incluso con algunas mejoras, hasta que su creador decidió llevarlo a otro mundo

** Rainer Pimstein - Ingeniero forestal. Fue catedrático en Venezuela..
* Campeino italiano - pintura de Alexandre Gabriel Decamps


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